"MARCOS PATRICIO CONCHA VALENCIA"
(El último viaje)

-¡Setenta con treinta bajando, treinta y cinco de pulso irregular! -lejos, de ultratumba, escuché la voz preocupada de la enfermera.
La botella de suero se desvanecía en el espacio, dejando al fondo una pared blanca borrosa. Las sombras y tinieblas apagaban la luz de la lámpara clínica. No sentía dolor, sólo cansancio que me arrastraba a cerrar los ojos y dormir.
El monitor emitió pitos acelerados y agudos, reflejando mi corazón que se resistía a detenerse.
-¡Veinte mililitros! ¡Inyecte una dosis de veinte mililitros de solución de adrenalina! ¡Rápido!
Prepare el resucitador de paro cardíaco. -El roce de las medias y faldas, los pasos apresurados, el choque de los instrumentos al caer sobre la mesa de vidrio, me indicaron la ansiedad que producía la extinción de mis signos vitales. Mi cuerpo se apagaba y un frío gélido lo invadía lentamente. El monitor advirtió la detención de mi corazón con un sonido plano y alargado. Se produjo el último estertor voluntario.
Mi cuerpo saltaba con un ruido apagado al chocar mi espalda con el colchón de la cama clínica. Diez veces se repitió hasta que una voz interrumpió:
- La perdimos. No me explico lo que produjo el deceso. Estuvimos a punto de recuperarla del coma. Avise a su marido el doctor Garcés.
Se extendió un profundo silencio de desaliento, que fue perturbado por una voz triste y piadosa:
- Límpiale la boca, ciérrale los párpados y arréglale el pelo. Los deudos que se encuentran en el pasillo querrán verla.
Tuve conciencia de...