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17 dic 2017

"Entre ellas"


Fabio Fiallo

"Entre ellas"


FabioFiallo.jpgA Manuel S. Pichardo

En la elegante alcoba de nuestras damas más hermosas y distinguidas, charlaban y reían cuatro amigas a la siguiente tarde de una noche de baile. Eran ellas: Clara de Peñafiel, Amalia Garcés de Monte Verde, la viudita Julia de Rioalto y Helena de Brabante.

Son las dos primeras tan conocidas en nuestro gran mundo, que incurría en delito de necedad quien intentara suministrar noticia alguna sobre el fastuoso tren de vida que ambas arrastran. No por su riqueza, sí por su hermosura, sí por su elegancia, sí por su talento, las rivaliza y aun algunas veces logra eclipsarlas la encantadora Julia. En cuanto a Helena de Brabante, si por joven no la conocéis, sin duda habréis escuchado ya el clarín que pregona su belleza y su gracia, y hasta su exquisita candidez a pesar del año cumplido que lleva de casada.

18 nov 2017

"Tu más profunda piel"

Julio Cortázar

"Tu más profunda piel"


Cortázar.jpgCada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía -sábelo, allí donde estés- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.

No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacía de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.

2 oct 2017

"El cornudo consolado"

Giovanni Boccaccio

"El cornudo consolado"


Boccaccio by Morghen.jpgPoco tiempo hace vivía en Perusa un riquísimo sujeto llamado Pedro Vinciolo, muy conocido por su afición a los placeres, pero tocado de indiferencia por los que las mujeres procuraban.

A fin de desechar del ánimo de sus compatriotas esas sospechas, por cierto muy fundadas, resolvió casarse, tomando por esposa a una señorita a propósito para conducirlo por la buena vía. Era joven, alta, robusta, ojos vivos, de pasiones ardientes, en una palabra, la complexión que necesitaba no un marido sino dos. Por desgracia suya, aquel a quien diera la mano de esposa estaba muy poco dispuesto a satisfacer los deseos naturales del matrimonio: sus gustos e inclinaciones lo alejaban de las mujeres, de suerte que tenía trato con la suya lo menos posible, y sólo para no infundirle sospechas sobre el vergonzoso vicio del que era apasionadísimo. Semejante conducta distaba mucho de contentar a la señora, la cual veíase instigada por su temperamento. Como no podía tachar de impotente a su marido, puesto que era vigoroso y se encontraba en la flor de la edad, sospechó de su depravación, lo que le causó un gran disgusto. Empezó reconviniéndolo y terminó por injuriarlo. Diariamente se renovaban los debates y la guerra en aquel matrimonio. Por último, viendo que todas aquellas pendencias no conducían a otra cosa que a alterar su salud, sin lograr reformar a su indigno consorte, resolvió castigarlo por su indiferencia.